El petimetre y el infortunado falderillo
La prensa dieciochesca se hacía eco de los avatares que los perros suponían en la vida social de damas y petimetres empolvados y empelucados.
PERROS DE PRENSA
9/9/20263 min read


EL CENSOR
DISCURSO VIGÉSIMO PRIMO
Morte uiri cupiant animam seruare catellae,
Juv. Satir. 6. V. 653,
La vida del marido
darán por conservar la de la perra.
Señor Censor: Ahí va esa Cartita que acabo de recibir, que podrá dar a Vm. materia para alguna de sus censuras, y aun me parece digna de que Vm. la publique. Yo así se lo suplico; y pido a Dios guarde su vida muchos años, & c.
"Paisano mío: al demonio del Peluquero se le ha antojado no venir hoy hasta esta hora en que Vm. ya habrá salido de casa: hoy justamente, que me era indispensable hablar a Vm. Por esto me es preciso hacerlo por escrito; pues tengo que tomar el coche a las dos de la tarde para Aranjuez, de donde no sé si podré volver tan presto.
Ya sabe Vm. la altura en que yo estaba con mi Señora Doña G..., la satisfacción, la intimidad, la confianza con que se me trataba. Pues, Amigo, sepa Vm. que todo se lo llevó el diablo, si Vm. no me vale; y por consiguiente todas mis esperanzas que como Vm. no ignora, están fundadas en el Marido de la Dama.
Es el caso, que de algunos días a esta parte me hallaba revestido con el cargo de su Caniculario mayor; quiero decir, que se me había dado la comisión de cargar con los perritos de falda, cuando paseando Madama en el Retiro, se cansaban los animalitos, lo cual le sucedía a los cuatro pasos. Antes de ayer, pues como estaba la tarde algo fresca, porque no se resfriase el más pequeñito, que era hembra, me hizo le metiese en mi bolsillo, y al otro en la copa del sombrero; sentámonos después de dar un paseo; y Madama (tan embebecida iba con un Oficialito mi contertulio) no se acordó de sus perritos, hasta que fue a tomar el coche. Pidiómelos entonces, y entonces me acuerdo yo también, que llevaba la Perrita en el bolsillo. Meto la mano, y saco por la cola a la pobre Cristalina (que este era el nombre de la desdichada) echando por todas las vías, cuanta bazofía contenían sus entrañas. En una palabra, me había sentado sobre ella, y la había reventado. Da un chillido la Madama, que se oiría sin duda, en medio del Prado: monta en cólera al instante, y le falto poco para embestirme: baste decir a Vm. que no hubo improperio que no dijese contra mí, llorando después tan amargamente, como si se le hubiese muerto una hija. De manera, que yo a pesar de la ira que había tomado al ver manchado todo el vestido , que pocos días antes había estrenado, quedé tan cortado, y confuso que no acerté a darla la menor escusa, ni consuelo. Sin embargo, de todo esto, y de haberme mandado expresamente, no volviese a ponerme en su presencia, volví ayer tarde a su casa ; ( porque ¿ qué no tragará un pretendiente?) y se me negó.
Por Dios, Paisano, compadézcase Vm. de mi suerte. Vm. que tiene más conocimientos en Madrid que yo, hágame el gusto, de buscarme una Perrita de toda moda, larguita, y baja, y cuanto sea posible de figura reptil, con buenas lanas, buen color, buen hocico, buenas orejas, &c. En fin, una Perrita de buenas prendas, y capaz de suplir la falta de la difunta. Hágame Vm. le ruego encarecidamente esta diligencia, mientras voy al Sitio: mire Vm. por su Paisano, cuya fortuna pende enteramente de esta Perra. Ya tenía mis cosas en buen estado, y si me falta el Marido de Madama, se lo llevó todo pateta. Soy de Vm., &c.
P.D.
No repare Vm. en el precio, o en si acaso es menester hacer un buen regalo; que si fuere preciso enviaré orden a mi tierra, para que se vendan al instante, aunque sean ocho o diez aranzadas de tierra."
En El Censor, 1881.
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